Corona de la reina Adelaide

La Corona de la reina Adelaide era la corona del consorte de Adelaide de Saxe-Meiningen, esposa y el consorte de la Reina del rey Guillermo IV del Reino Unido. Se usó en la coronación de Guillermo y Adelaide en 1831. Se vació de sus joyas pronto después, no fue llevado otra vez por la reina Adelaide y nunca se ha llevado desde entonces.

Razones de creación

Ya que los ingleses de los años 1690 y el consorte de reinas británico se habían coronado con la Corona de Mary de Modena, primero hecho para la esposa del rey James II. Sin embargo la crítica del uso continuado de esta corona había montado, por motivos de edad, talla, estado de la reparación y porque se vio que era demasiado teatral y poco digno. En las preparaciones para la coronación en 1831 se gobernó que la corona de Modena era "incapaz para el uso de Su Majestad". Los proyectos se hicieron para la creación de una nueva corona del consorte.

Diseño

La nueva corona siguió la tradición de la corona británica en tener cuatro mitad de arcos, encontrando un globo, encima del cual sentó una cruz. La Reina se había opuesto a la práctica estándar de alquilar diamantes y joyas para una corona antes de su uso. En cambio los diamantes de su propia joyería privada se instalaron en su nueva corona. Después de coronación, los diamantes todos se quitaron, y la corona almacenada como una cáscara.

Historia subsecuente

Desde la reina Adelaide, todo el consorte de reinas británico ha tenido su propia corona del consorte especial hecha para ellos, más bien que llevar las coronas de cualquier de sus precursores. Las coronas del consorte posteriores se hicieron para Alexandra de Dinamarca (1902), Mary de Teck (1911) y Elizabeth Bowes-Lyon (1937).

El retrato formal de la reina Charlotte, el consorte de la reina de George III, en sus trajes de la coronación por Allan Ramsay le muestra con una corona diminuta similar con la cual también se había coronado y había tenido el juego con sus propias joyas, diamantes que George IV más tarde había puesto en la insignia famosa del Pedido de San Patricio que se robó más tarde del Castillo de Dublín.

Nota al pie de la página

  1. Anne Keay, Las Joyas de la corona (Palacios Reales Históricos, 2002) p. 58.


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